2.0

Estoy seguro de que hay personas que no lo saben, pero hace varios años cuando alguien mencionaba la palabra “Messenger”, la imagen que se formaba en nuestras cabezas era una muy diferente a la que tienen el día de hoy la gente del internet. Aunque también nos referíamos a un programa que usábamos para comunicarnos “en linea”, tenía bastantes diferencias a la actual aplicación que lleva su nombre.

Para empezar, no lo teníamos en el celular, estaba en la computadora de escritorio, no era de facebook (facebook ni siquiera era famoso en ese entonces), nosotros teníamos 15 años y la ventana de chat lucía algo más o menos así:

Qué recuerdos.

Esa ventana de chat tenía todo lo que necesitábamos para comunicarnos, y quizás poco más. Podíamos invitar a más gente al chat, compartir archivos, hacer videollamadas, jugar con el interlocutor e incluso bloquearlo, enviar emoticonos (no emojis) y zumbidos, incluso podíamos poner nuestras fotos antes de que les llamáramos selfies. Pobresito programa, ni siquiera tuvo su versión móvil, y pasó por muchos cambios de nombres y actualizaciones para al final terminar siendo sustituido por Skype. La siguiente ocasión en la cual la palabra “Messenger” pasaría a ser un servicio de mensajes igual de grande y famoso, llegó como aplicación complementaria de Facebook, y ahora cuando alguien menciona esa palabra, la imagen que aparece en las mentes es la siguiente:

Ew

Por lo menos así puedo seguir diciendo que sigo utilizando el Messenger para comunicarme con mis amigos, para comunicarme con los mismo amigos que me comunicaba a los 15 años y que ahora tenemos veintiquiúboles.

En realidad el sistema es exactamente igual, pero por alguna razón, el saber lo que antes era el “mesenger” y contrastarlo con lo que es el día de hoy me produce un poco de nostalgia, y me hace preguntarme qué otro tipo de servicios de mis años mozos se verán arrebatados de sus nombres para atraer a las personas que ahora viven en sus años mozos. No me molesta (todavía no llego a esa edad) pero recuerdo que cuando escuché que Messenger iba a tener app sentí poquita emoción, misma que se vio terminada cuando descubrí que no era una versión móvil de aquel programa en el que pasé mis madrugadas en la prepa y que no podría volver a sentirme “cómo cuando tenía 16”.

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